La noche bella y la buena voluntad

December 20, 2007 – 11:55 am

Leo en una antigua traducción del Evangelio de San Lucas que, cuando nació Jesús, en el cielo los ángeles cantaban de este modo:

“Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad, para con los hombres”.

“…Paz, buena voluntad, para con (todos) los hombres”.

Asombra cómo se puede alterar el sentido de la frase que tengo en la memoria, recogida de niña, y que era así:

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

En este caso no a todos los hombres sino sólo a los que tuvieran “buena voluntad”.

Por solidaridad, porque además mi corazón y mi amor así lo indican, elijo la segunda versión.

De cada obra literaria y frase -de Dios o de los hombres- hay varias versiones finalmente (”¿Qué hacemos con tantas versiones de la Biblia?“).

Los villancicos

Un trabajo que guarda nuestro sitio, “Los Villancicos“, enviado desde Panamá por Lizette Luzcando, recoge esas preciosas canciones navideñas.

Sus nombres ya tienen perfume a Nochebuena: “Los peces en el río”, “Noche de Paz”, “Blanca Navidad”, “Pastores venid”, “El tamborilero”, “Campana sobre campana”. La última que transcribe, “La Marimorena”, comienza así:

“Ande, ande, ande la Marimorena.
Ande, ande, ande que es Nochebuena (”Festividad navideña“).

En el portal de Belén hay estrellas (”¿Qué fue la Estrella de Navidad“), sol y luna,
la Virgen y San José y el Niño que está en la cuna.

Y si quieres comprar pan más blanco que la azucena,
en el portal de Belén la Virgen es panadera.

Un pastor comiendo sopas en el aire divisó
un ángel que le decía ha nacido el Redentor.

De Oriente salen Tres Reyes para adorar al Dios Niño,
una estrella les guiaba para seguir el camino”.

(Es indudable que, como dice Jorge Seferis:
“Yo murmuraba:
la memoria, donde se la toque, duele”.)

Y Seferis, el poeta griego que celebraba los viajes de Ulises y a la vez el amor a Jesús, dice también:

“…y nuevamente murmuré: un día, al alba, la resurrección vendrá;
el rocío de esa mañana
centelleará como centellean los árboles en la primavera.
Y otra vez será el mar… Y todavía Afrodita surgirá de las olas…”
(¡Qué admirable sincretismo -”Hagiografía-iconografía e iconología de San Antonio” - está en manos de este poeta!)

Ruiseñor, ruiseñor, ruiseñor

Si se me permite una cita más del poeta Seferis -y de paso les cuento que era griego, católico ortodoxo y que recibió el Premio Nobel en 1963- copiaré, apenas… (está casi dicho en un murmullo):

“Ruiseñor, ruiseñor, ruiseñor,
¿qué cosa es Dios? Y Dios, ¿qué cosa no es?
Y en medio de ambas cosas, ¿qué puede ser?”.

Cuando Dios es un Niño

Para los cristianos Dios es a veces un niño que acaba de nacer, por eso la Navidad es una celebración que todo el mundo comparte.

No importa la religión que se tenga -y hay muchas, pero todas son en esencia la misma, cada una es una traducción a una diferente cultura de “el camino” (”Filosofía y el porqué de la religión“)-, pocos son los que no festejan que un Niño haya nacido (”¿En qué consiste esa gracia, piedad o sabiduría de la infancia?“).

Los cristianos tienen una especie de “ventaja” especial: Dios es en esta estampa un infante, María una muchacha de pueblo fresca y suave, José un carpintero cuyo linaje, por añadidura, proviene de David, del rey David. (Aunque el oficio de carpintería es tan bello que ningún linaje de reyes parecería más noble que el de trabajar la noble madera.)

Meditaciones para Navidad

He tomado versos de dos de los llamados poetas metafísicos -uno inglés, otro español-, para base de meditaciones navideñas.

Por muy antiguos que parezcan, nadie habló como ellos del alma (”El Alma: hacia una aproximación metafísica del ser“).

En “EL éxtasis”, de John Donne (1572-1631) podemos apreciar el proceso del amor humano cuando se va haciendo divino; es la conversación de un hombre y una mujer:

“…Así como en ejércitos iguales el destino aplaza la incierta victoria,
nuestras almas (que han salido para mejorar
su condición) se cierran entre ella y yo.

Si alguien -de tal modo refinado por el amor-
comprendiera el lenguaje del alma
y por el buen amor se tornara todo mente
y a distancia conveniente se encontrara,

él (aunque no supiera qué alma hablaba
pues ambas decían lo mismo)
puede de allí una nueva pureza tomar
y partir más puro que cuando viniera.

Este éxtasis nos quita la perplejidad
(dijimos) y nos dice lo que amamos;
por él vemos que no era el sexo,
vemos que no observamos lo que en verdad nos movía:

pero como todas las almas contienen
una combinación de elementos que ellas mismas desconocen,
el amor une otra vez esas almas antes mezcladas
y hace de ellas una sola, y cada una es esto y lo otro.

(…)

La influencia del cielo no actúa sobre el hombre
sin antes dejar su marca en el aire,
así también las almas fluyen hacia las almas
aunque antes se detienen en el cuerpo”
(Traducción de E. Caracciolo-Trejo.)

Y en San Juan de la Cruz encontramos al Alma (”la amada”) persiguiendo a su “Amado” (Jesús). Y el Alma sale de su casa en la oscuridad, “disfrazada”:

“¡Oh noche que guiaste,
oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!”

Deseos de Navidad

Les deseo a mis lectores y me deseo a mí misma que cada velo caiga de nuestros ojos.

Que podamos mirar el sol, la luna, la noche, el día, de frente, con los ojos abiertos a lo que tales cosas son.

Que las veamos tal como son, sin falsos vestidos.

Todo, todo es magnífico aun cuando pueda haber -y hay- tristezas.

Y a las tristezas nuestras y a las de nuestro prójimo, acunémoslas, tratemos de que se duerman pronto.

Envío

Repito el principio de esta nota, para todos los comentaristas de mi post anterior:

“Gloria a Dios en las alturas
y paz y buena voluntad para con los hombres”.

Me encantaría que algún lector me devuelva una historia ilustrativa. El origen del árbol de Navidad, por darles un ejemplo.

Un abrazo y toda la felicidad posible.

Mora Torres


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