Ciencia futurista

December 28, 2007 – 4:18 pm

La gente ya aprendió que el futuro es más enigmático que cualquier tiempo pasado.

Quizá faltaba saber entre otras cosas cómo era exactamente un dinosaurio (“Características físicas de los dinosaurios”), pero se acaba de descubrir en Dakota, Estados Unidos, una momia de ese animal prehistórico (“Historia, edades de la prehistoria).

Los científicos han construido un enorme aparato del tipo de los utilizados para tomografías donde esas toneladas de piedra que cubren al monstruo son bombardeadas con rayos equis para extraer hasta el último secreto de tan antigua vida.

Pronto se sabrá, entonces, hasta el ADN (“De cómo la regla del ADN gobierna un mundo de incertidumbres ciertas”) de un dinosaurio.

De allí –y esto es pura imaginación, pero, ¿quién sabe?- tal vez se pase a la clonación (“¿Qué es la clonación?”) del magnífico ejemplar antediluviano (no los remitiré esta vez a ninguna monografía referente a antes o después del diluvio).

La gente ya aprendió, además, que frases como que “todo lo que podría inventarse ya se ha inventado”, pronunciada se supone que por primera vez a fines del siglo diecinueve (“La edad de oro de la burguesía”) por un tal Charles Duell (de la Oficina de Patentes norteamericana) tienen su propia enciclopedia: la de los pronósticos errados formulados por “especialistas” en temas de la ciencia o de la tecnología.

En la mencionada enciclopedia –que está por escribirse, claro- figuran, más cercanas en el tiempo, y para dar un ejemplo, predicciones de Bill Gates (“En el principio… fue una línea de comandos”) respecto del progreso y de la necesidad de las computadoras: es mi deber informar que se quedó muy corto en sus visiones…

Tanto como Ken Olson cuando aseguró que no existían motivos atendibles para afirmar que alguien, en cualquier futuro, deseara tener una computadora en su casa (basta buscar en Google a Ken Olson para saber quién es, por si alguno lo ignora).

La gente ya aprendió, entonces, que el futuro es imprevisible y que lo único que puede afirmarse sobre él con seguridad es que va a sorprendernos.

Ante esto, abrimos mucho los ojos y forzamos nuestra vista y nuestra intuición para ver más allá e ir más y más lejos.

Tienda de maravillas

Bajo el influjo de la ciencia se prevén, entre otras magias (“El pensamiento salvaje de la antropología”): trasplantes de tejidos que crearán o repararán el órgano dañado; cambios de genes malos por buenos; implantes de chips en el cerebro (para darnos memoria e inteligencia suplementaria).

Dicen también que se prepara la que llaman “Segunda Revolución Industrial” (ver, por ahora, un trabajo que trata de la primera: “Revolución Industrial”).

Lo pequeño es inmenso - La nanotecnología

Es en “el reino de lo infinitamente pequeño”, donde se predice la revolución que modificará –tal como lo hizo la Revolución industrial I- el modo de trabajar y la jornada laboral.

Lo novedoso –y terriblemente penoso (“Historia del desempleo y sus consecuencias”)- es que tal movimiento puede dejar sin ocupación a millones de personas, aunque, en verdad, para la primera se preveían consecuencias parecidas: todas no se cumplieron, sólo algunas para las cuales todavía no hemos encontrado solución, y por lo tanto seguimos arrastrando por la historia el gran dolor de la miseria.

Gracias a la nanotecnología (“Nanociencias y nanotecnología”) habrá, con un mínimo de mano de obra: telas para todos los gustos, de mil maneras estampadas o lisas, que nunca requerirán lavado (sencillamente expulsarán de sí todo polvo o suciedad); modos precisos como las matemáticas de diagnosticar enfermedades y de dosificar medicamentos; para envidia de émulos de Leonardo da Vinci, o, más humildemente, de pintores de paredes y de albañilería en general (“Pinturas a base de compuestos orgánicos”), la eternidad se posará en todos los preparados de pintura: resistirán para siempre tiempo y corrosión; las bellas y los bellos –y aun más las/los que aspiran a serlo- se verán beneficiados con cosméticos de alta efectividad, según necesidad y edad de los usuarios.

Y todo lo anterior preparado por manos invisibles ocultas en maquinaria microscópica.

Maquinaria que, por el momento dirigida por humano, está organizando milagrosas curaciones basadas en nanopartículas: los tumores se verán atacados por estas nanopartículas que destruirán la malignidad de las células, no las células.

En la misma tienda de maravillas adonde estamos parados en este instante se oye proclamar que dentro de un tiempo nos llevarán de una parte a otra por todo el universo, transportados como objetos que alguien moviera con la mano y cambiara de lugar sobre una mesa, tan fácilmente como se enciende una lamparilla de Edison (“La electricidad”).

Así será, pero, ¿habrá tiempo para ese Tiempo?

Mientras lo haya, cualquier cosa que se le ocurra a “la loca de la casa”, como llamaba Santa Teresa (“Poesía de Santa Teresa…”) a la imaginación, puede llegar a existir.

Volver al pasado

Tanto futuro saturó mi fantasía.

De golpe sentí un fuerte deseo de anclar en el presente, segura y confortable.

Una vez aquí, otra vez la imaginación jugó su juego.

Miré hacia atrás.

No vi estatuas de sal; florecían otras maravillas.

Pasado atesorado

En el pórtico de un museo de una de nuestras ciudades latinoamericanas está tallada en letras de oro la siguiente inscripción:
“El arte es la eternidad de los pueblos”.

Y como esa ciudad es mi lugar de nacimiento, recuerdo que me preguntaba de niñita por el significado de la frase dorada.

Los años me la revelaron.

Ustedes, lectores, no necesitan con toda seguridad mi explicación.

Ahora, si un pueblo perdura por el arte guardado en sus museos, acordarán conmigo en que lo que contiene la casa que perteneció al artista mismo evoca con mayor emoción –es decir, intensidad- ese pasado.

Por eso, les prometo hablar en un próximo post de “las moradas de la inspiración”, casas de músicos, escultores, poetas, que están abiertas al público en todo el mundo –y, para nosotros, especialmente en América- mostrando sus misterios.

Utopías

Veo al fin que mi deseo inconsciente fue juntar esta pequeña nota de “ciencia futurista” con una próxima de arte.

Tal suceso no significa que ciencia y arte estén unidos por algún órgano o razón.

Pero una de las utopías más entrañables es que así sea.

El arte es una religión.

La unión de religión y ciencia es una aspiración antigua.

Envío

Durante estas fiestas de finales de año algunos cambian de aires y otros de destino.

Saludos y augurios de renovación para el 2008, a los que se quedan y a los que viajan.

Dijo Kavafis, el poeta, que dondequiera que fuera llevaba de viaje a su Grecia.

Ustedes lleven su Colombia, su México, su Perú, su Argentina.

Y a los que habitan lugares que no nombré, les ruego envíen dos o tres (o mil) párrafos sobre sus países y las costumbres de sus gentes, para aprender a no olvidarlos.

(¡Aunque el olvido, por supuesto, fue adrede!)

Mora Torres


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