Soneto con pie quebrado

July 5, 2008 – 8:32 pm Miro mis pies desde la perspectiva que me da el estar sentado en la cama con dos almohadas en el respaldo y la página blanca sobre las piernas y la pelvis, lo que universalmente se ha llamado siempre el regazo con esa carga de calor íntimo que lo hace ser el reducto tradicionalmente más acogedor del cuerpo humano, aunque haya criterios discutibles respecto a esta y otras posibilidades y aquí sólo se trate de mí mismo, lo que hace que toda referencia a calor humano se vea menguada al no incluir a nadie más; peor si se toma en cuenta que esa página blanca es, perdón por la franqueza con que lo digo, la pantalla de una computadora portátil y no el amistoso cuaderno que va dejando poco a poco el lugar a la despersonalización total de los materiales: imagínate: una pantalla de plasma en la que se escribe lo que marcas en el tablero sin que la realidad dé un paso más allá, y no como antes, cuando quedaba un testimonio tangible, en relieves, en tintes o en grafito sobre una superficie material, fuera la estela de piedra o de barro, bronce, plomo, o la pared de la caverna, el aplanado de los filamentos del papiro o el amate, o la laboriosa fábrica por fibras en suspensión de la hoja de papel; y pienso si mis pies podrían ser tema de escritura, así sea mínima: unas cuantas líneas que los describan, que hablen de ellos; alguna paginilla en la que los pobres se reconozcan y sean estrellas por un día, protagonistas de lo repentino, héroes de un episodio cualquiera, aunque no logre conformarse una verdadera aventura, así sea sólo esa ínfima apariencia de lucimiento social que ocurre cuando los padres exaltan las virtudes, ciertas o apetecidas, de los hijos...

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