September 30, 2008 – 4:08 pm

Ocupada la capital de la República por las fuerzas americanas, vencida ya la mal pertrechada y peor organizada resistencia nacional ante el invasor, los gobernadores se reunieron en Querétaro a deliberar los términos de la capitulación. Y ahí el lúcido y valiente gobernador de Michoacán, Melchor Ocam-po, expuso a los concurrentes una fresca y audaz idea: “No hay que firmar la rendición”, propuso, “no hay que convalidar el despojo que van perpetrar los americanos con toda impunidad; hay que licenciar al ejército –que para poco ha servido–, llamar a una guardia nacional en cada estado, compuesta no de soldados profesionales, sino de ciudadanos decididos a luchar, no muy numerosa, pero bien resuelta, y con ella proseguir la lucha bajo la forma de guerra de guerrillas, y proseguirla uno, dos, tres años, proseguirla indefinidamente, a ver quién se cansa primero, si ellos que están lejos con un ejército de ocupación o nosotros que peleamos en la puerta de nuestra casa.” Los gobernadores, que no eran mediocres politiqueros como los de ahora, sino gente que sabe que la grandeza no se alcanza sin riesgo, se pusieron de pie arrebatados de entusiasmo, ovacionaron a Ocampo y partieron a levantar su sector de la guardia nacional para iniciar de inmediato la guerra de guerrillas...
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