Expediente del atentado

September 30, 2008 – 4:08 pm Todos los hombres a lo largo de una vida son capaces de alzarse al menos una vez hasta el heroísmo y de rebajarse al menos otra hasta la abyección. Sólo unos cuantos, urgidos por sus demonios, lo hacen fatalmente en el curso de un mismo día. Arnulfo Arroyo era uno de estos hombres endemoniados y el jueves 16 de septiembre de 1897, uno de aquellos días fatales. El Observatorio Meteorológico Central aún no se arriesgaba a predecir el clima, pero no se requería de mucha ciencia para pronosticar, en esa época del año y hasta las dos o tres de la tarde en que los aguaceros bíblicos solían desatarse, un cielo despejado en el Valle de México. Al amanecer, que él entrevió por los intersticios de las puertas cerradas del bar-room del inglés Peter Gay, en la esquina de Plateros y el Portal de Mercaderes, una bruma acaso atribuible a su propia obnubilación alcohólica parecía augurar el bochorno...

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